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¡Feliz aniversario Frida!

Publicado: 6 de julio del 2017 |Por Silabario |En Morelia Habla |0 comentarios

 

 

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Eduardo Nava Hernández

Publicado originalmente en 2007

 

Escribe Teresa del Conde, Frida, que tú, como el Cid, has ganado batallas después de muerta. No deja de ser paradójico para una vida que parecía siempre estar, como la tuya, destinada no a la gloria sino a la tragedia. Pero de ésta quisiste escapar siempre también, con la misma constancia con que ella te requería. No importa cuánto te haya buscado, ni que al final te encontrara en la soledad de tu cuarto, mutilada y sin Diego a tu lado, aquella madrugada el 13 de julio de 1954, envuelta ella en una neumonía.
Aparentemente vencedor, el infortunio no pudo opacar al final la fortaleza que tu pequeña y frágil figura encerraba y que salía a relucir una y otra vez en tu determinación de aferrarte al amor, al arte y a la vida.

 

Hoy, a cien años de tu nacimiento (perdona que te lo recuerde, no querías que se difundiera que naciste en 1907 y no en 1910, con la Revolución Mexicana), tu arte, tu amor y tu vida son aceptados y admirados aun por aquellos que en vida te condenaron y combatieron. Venciste desde el día de tu muerte en que en el Palacio de Bellas Artes congregaste al mundo artístico del país y congregaste también y sobre todo al pueblo que miró la roja bandera de tus convicciones envolviendo tus restos y en desafío a una estructura de poder que impugnabas. ¡Quién iba a decir que esa burocracia del poder, heredera de cristeros y sinarquistas y con una ilegitimidad a cuestas que la hace rodearse sólo de cuerpos policiacos y militares, no de tu pueblo, se rindiera ante tu arte y lo homenajeara a su triste manera! ¡Quién pensaría que aquellos para quienes no eras nada hoy te buscaran para celebrar tu natalicio, por supuesto tu arte, pero difícilmente tu vida, que fue siempre un desafío a las llamadas buenas conciencias de tu tiempo.

 

 

Por eso creo que ellos no pueden comprenderte íntegramente. No podrían ellos, los que aún ahora imponen o quieren imponer a la sociedad toda sus criterios estrechos y su moral devota, asimilar tu vida libertaria, tu sexualidad emancipada, tu amor sincero al pueblo trabajador, tu orgullo nacionalista, tus convicciones zurdas, tu reivindicación personal con aroma a feminismo vernáculo. No querías divorciar tu arte de tu vida, porque pintar era para ti vital y era tu vida lo que pintabas. A través de tu arte esperabas tal vez ser comprendida o, más aún, comprenderte a ti misma. ¿Cómo entenderlo, entonces, sin comprender tus vivencias, sin verte como un ser humano con toda la complejidad, sin escudriñar en cada cuadro un aspecto de tu vida.

 
Gómez Arias, Germán del Campo, Lombardo, Mella, Vasconcelos, Rivera, Breton, Múgica, Cárdenas, Modotti, Trotski, Siqueiros, fueron las coordenadas de tu tiempo, un tiempo mítico parido por la revolución en México y por las convulsiones del mundo; un tiempo, pese a todo, de esperanza, que se ha alejado de nosotros en estos días de penumbra y desaliento. Sobre todo tu amor por Diego y el orgullo de la sangre indígena que heredaste de tu madre guiaron tu acción y tus convicciones y formaron en ti una personalidad singular, en muchos sentidos irrepetible.

 
Hoy el capital, al que combatiste idealmente desde la militancia comunista, quiere apropiarse de ti. No sólo tu obra se convierte en mercancía sólo alcanzable por los privilegiados en los más altos mercados del arte; te convierten también en souvenir y marca registrada para vender muñecas y botellas de tequila, ropa y perfumes para el uso de relumbrón de las clases acomodadas. ¡Qué paradoja, Frida, ver tu nombre unido al trasiego mercantil, al que fuiste tan ajena y del que nada hubieras esperado! ¡Qué inútiles, sin embargo, los esfuerzos por purgarte de significados, por despojarte de mucho de lo más entrañado en tu biografía, de una historia que, como pocos y frente a la adversidad, supiste labrar por ti misma!

 

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Recordaremos, claro, las eventualidades de tus sucesivas desgracias: la poliomielitis que te postró, a la edad de seis años, en el lecho durante nueve meses; el trágico accidente del autobús en que viajabas con Gómez Arias el 17 de septiembre de 1925, en que un tubo fracturó tu columna y otras partes de tu cuerpo poniéndote al borde de la muerte y dejándote irrevocablemente incapacitada para la maternidad; tu frágil salud, que te postró en el momento mismo de tu mayor reconocimiento en vida y a la que desafiaste asistiendo en camilla a la inauguración de tu primera —y única— exposición individual en aquella primavera de 1953; la gangrena que te privó de una pierna; y la neumonía que finalmente te segó la vida, contraída acaso por acudir a una manifestación en apoyo al pueblo y al legítimo gobierno de Guatemala, agredidos por el imperialismo. Pero no por ello aceptamos tu reducción a icono de la entereza o parábola del avance nacional. “Frida Kahlo es un ejemplo para vencer la adversidad, para que todo lo que impida el desarrollo del país lo dejemos atrás y salgamos adelante”, balbuceó sin más argumentos y en un intento más de reduccionismo el actual representante del capital en el gobierno, que más no podría disertar sobre tu rebelde existencia.

 
No importa. Ni el mercado ni el poder político pueden lucrar sino con tu imagen y tus obras; no con lo que llegaste a ser en el convulso tiempo transicional que te tocó vivir, entre un México que moría y otro que quería nacer a una auténtica modernidad, la que se construye con trabajadores y campesinos y no con las elites. La moda Frida pasará; los humos del copal se disiparán; pero quedará por sobre ellos y a pesar de ellos la huella cierta de tu arte y tu biografía de lucha y esperanza por un mundo más digno para que todos, realmente todos, puedan habitarlo. Es por eso, entre muchas otras cosas, que deseamos recordarte y compartirte con las nuevas generaciones de este país que tanto quisiste y del mundo entero. Hubieras querido que tu centenario se recordara en el 2010, junto con el de la Revolución; lo haremos también.

 

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Hace cincuenta y tres años la bandera roja sobre tu féretro se convirtió en desafío a las buenas conciencias y sobre todo al poder omnímodo presidencial y al régimen de partido hegemónico. Tu biografía lo sigue siendo, en estos tiempos, para fariseos y oportunistas. Tu recuerdo, estoy seguro, subsistirá entre quienes debe estar, los trabajadores y las mujeres sencillas con las que realmente te identificabas. Con ellos es que, por medio de estas líneas, he querido desearte un feliz cumpleaños.

 

 

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