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Los colores del arcoíris en la pantalla grande

Publicado: 24 de octubre del 2016 |Por Silabario |En Sin categoría |0 comentarios

 

 

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Ulises Fonseca

Estereotipos para hacer reír, para hacer escarnio o para ponerlos de ejemplo de lo que es enfermo y poco deseable, dominaron por mucho tiempo la forma en que eran representadas las personas de la comunidad LGBT+ en el cine, pero eso está cambiando por expresiones más complejas, realistas y empáticas, una tendencia a la que se quiere unir el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM)  y que por ello este 2016 presentó su Programa de Diversidad Sexual.

La iniciativa no deja de tener trascendencia en un momento como el de ahora, en que nuestra muy mocha capital moreliana se debate entre la moralidad rancia de antaño y la apertura hacia nuevas formas de coexistir; incluso, durante la inauguración del programa, el secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)  Emilio Álvarez Icaza, llegó a confesar que “si me hubieran dicho hace quince años que habría un Festival con diversidad sexual, EN MORELIA, no lo habría creído”.

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Pero sí, es una realidad que entre las canteras persinadas hay cine LGBT, o al menos así será en el FICM, pues de acuerdo con la directora general del festival, Daniela Michel, “es importante que cuenten con espacio propio” y de ahora en adelante se tendrá esta sección (que equipara a Morelia con el festival de Guadalajara o más aún, con el de Berlín); asimismo, al ser una parte nueva del FICM se estableció sinergia con un nuevo espacio enfocado a mostrar trabajos fílmicos de conciencia social llamado Mira Film Fest.

“En celebración del programa del FICM tres de los cortos también serán exhibidos en el Mira Film Fest”, mencionó Daniela Michel antes de añadir que ese festival iniciara el próximo 14 de nov en la Ciudad de México.

Los cortos

Ahora bien, ¿Qué trabajos fueron mostrados la noche del domingo dentro de este nuevo programa?, hubo nada menos que nueve trabajos, entre corto y corto/documental; aquí una breve semblanza:

“Muchachos en la azotea”, un corto de Julián Hernández inspirado en la idea argumental del poeta Serio Loo, donde se echa una mirada al mundo del sadomasoquismo, el juego de roles y las problemáticas que puede haber en una pareja donde uno de los miembros disfruta de prácticas fetichistas mientras que el otro no tiene interés.

“La nuca desnuda de Olivia”, un trabajo de Cynthia Barreto surgido de la admiración del cuerpo femenino, donde además entran en juego cuestiones como el despertar sexual y la complicidad. Mirar este corto es como leer y disfrutar las sutilezas de un cuento de Inés Arredondo.

Luego del erotismo lúdico e inocente de los cortos anteriores, les siguió un relato de conciliación llamado “El Cisne”, corto documental de Daniel Enrique Chávez Ontiveros que sigue los pasos de una mujer trans llamada Sthefany Galante desde su muy cosmopolita hogar en San Francisco hasta su comunidad rural en Hidalgo, donde no sólo busca reencontrarse con sus padres, sino confrontarlos y ponerlos al tanto de su condición. Lejos de ser un melodrama lacrimógeno, este es un documental que equilibra muy bien las problemáticas de su protagonista con la comicidad involuntaria y cierto lirismo en el retrato de los shows travestis.

El siguiente corto fue “Lítost”, una especie de crónica de un noviazgo tóxico realizada por Alejandro Macidella. Se trata de un filme que habla de una problemática inexistente en los programas de prevención de la violencia: el maltrato en el interior de las relaciones del mismo sexo.

Los edipos contemporáneos inspiraron a Lucía Carreras para generar “La boda de Baba”, ficción donde un hombre llega a México desde su muy lejano y primermundista país para vivir con su novio, sólo para descubrir que “casi” habrá de compartirlo con la madre de este.

La solución a tus deseos inmundos está aquí, no somos homofóbicos y te queremos ayudar a tener el buen camino y demás citas llenas de prejuicio, emitidas sobre todo desde la gente espantada de territorios como Guanajuato, llevaron a Gustavo Ambrosio Bonilla a retratar en “¡Están curados!” la problemática de las terapias de conversión.

Es un trabajo que recurre más hacia la comicidad antes que el melodrama (cosa que es de agradecer), en el que mediante una escena breve se sugiere la hipocresía y estafa que por lo general subyacen a estas terapias.

Un profesor apasionado de la literatura y la mitología, que ve su vida tambalearse por la pandemia del siglo, constituye la historia de “El As”, corto de Guillermo Ortiz Pichardo en el que se muestra la discriminación que todavía hoy ronda en torno a quienes portan un virus.

La tensión sexual lésbica, surgida en la intimidad de un baño público, es el tema de un corto donde, más que una historia, se realiza una especie de poema visual en honor del cuerpo femenino. Se trata de Evaporación, trabajo de Indra Villaseñor Amador.

La travesía de las personas LGBT de Centroamérica, que huyen de un ambiente dominado por la discriminación, constituye el centro narrativo del corto documental “Club amazonas”, un trabajo nada menos que de Roberto Fiesco donde se traslada al espectador a la frontera sur mexicana, en específico a un albergue de Tenosique donde las personas encuentran un espacio de momentánea paz.

Todas las opiniones son responsabilidad de su autor, no de los editores.