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Los invisibles que salvan vidas

Publicado: 21 de septiembre del 2017 |Por Silabario |En Sin categoría |0 comentarios

 

 

salvan vidas

Gabino Alzati

Caminar en la zona de edificios que colapsaron en la Roma-Condesa es indescriptible. El llamado village mexicano cubierto de polvo, de sirenas, cláxones y gritos de desesperación, por el caos que se produjo tras el derrumbe de viviendas multifamiliares y oficinas como saldo del sismo de 7.1 grados que sacudió al valle de México a las 13:19 horas del martes 19 de septiembre, que refrendó con 32 años de diferencia su sino como fecha inolvidable para los mexicanos.

Pero entre la confusión, la histeria y el pasmo surgieron los invisibles para ayudar sin pensarlo dos veces en las labores de rescate, controlando el tránsito ante la falta de semáforos y policías, levantando escombros, auxiliando a adultos mayores y discapacitados, haciendo lo necesario para volver a la calma o al menos para no caer en el asombro y la inacción.

Franeleros y limpia parabrisas, dueños absolutos de las calles, asumieron su papel y plantados a media avenida Insurgentes ordenaban el caótico flujo vehicular de la gente que, como el resto de automovilistas, quería llegar rápido a su destino.

Albañiles y trabajadores de las cientos de obras qué hay en la Cuauhtémoc dejaron sus labores habituales y se encaminaron pala y pico en mano a las áreas devastadas, caminando en el habitual silencio que los invisibiliza del resto que somos nosotros.

Cientos, quizá miles de jóvenes que dejaron los gimnasios, los bistros y restaurantes para unirse a las brigadas de rescate, comprando víveres en los centros comerciales, tiendas de conveniencia o usando sus autos de ambulancia para trasladar heridos.

salvan vidas II

Ni que decir de los motociclistas que transportaron paramédicos de diversas delegaciones a dónde fuera necesario.

Pero también hubo quienes, detrás de los mostradores de sus negocios, se olvidaron de cobrar y donaron materiales, alimentos, líquidos y lo que fuera necesario, como el ferretero de Sonora y Álvaro Obregón, o quienes dispusieron de multi contactos en sus casas para cargar batería de teléfonos móviles.

A quienes han recibidos en sus casas y departamentos a cientos de los afectados, esa manada solidaria que hoy no tiene nombre ni rostro porque es el de cualquiera dispuesto o dispuesta a ayudar.

De reconocerse es la labor de coordinación y apoyo de soldados, marinos, policías federales y protección civil. Quizá nuestros soldados no sean los mejores para combatir, pero sin duda lo son para auxiliar en este tipo de desastres.

Difícil no conmoverse ante la respuesta espontánea y desinteresada de la ciudadanía, que sin importar el riesgo o el cansancio ha permanecido de pie dando lo poco o mucho que tienen.

Esa gente que a diario vemos desde la seguridad de nuestro auto, a la que ignoramos al caminar, a la que no vemos ni escuchamos cuando la asaltan o tiene algún percance, esos invisibles que nos rodean son los que hoy nos tienden la mano, son los invisibles que salvan vidas.

Todas las opiniones son responsabilidad de su autor, no de los editores.