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El semen, un antidepresivo natural

Publicado: 27 de noviembre del 2017 |Por Silabario |En Acá entre nos |0 comentarios

 

 

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El descubrimiento de que el semen actúa como un antidepresivo natural, fue a cargo del Dr. Gordon Gallup y a la Dra. Rebecca Burch, de la Universidad Estatal de Nueva York. En los 90’s, Gallup se topó con el dato de que a diferencia de las mujeres heterosexuales sexualmente activas viviendo juntas, las lesbianas sexualmente involucradas no exhibían el famoso “efecto McClintok”, en el que se sincronizan los ciclos menstruales de mujeres que cohabitan en el mismo espacio, esto ya que se sabe que las señales olfatorias o feromonas, median la sincronización menstrual.

De esta manera, Gallup y Burch, se preguntaron ¿qué es lo que ocurre con las mujeres heterosexuales que promueva la sincronía sexual o qué es lo que ocurre con las lesbianas que impide la sincronización menstrual?, así que cayeron en cuenta que lo que diferencia a las mujeres heterosexuales sexualmente activas, de las lesbianas sexualmente activas, es que estas últimas tienen sexo libre de semen.

Dado lo anterior, Gallup y Burch dedujeron que ciertos químicos en el semen humano que afecta la biología femenina a través de la absorción vaginal, tanto así que las mujeres que mantienen sexo sin condón, huelen diferente que las mujeres que mantienen relaciones con este método anticonceptivo, o al menos sus cuerpos emiten feromonas que empalman los ciclos menstruales de mujeres que viven juntas.

Desde hace mucho, los médicos saben que la vagina es una ruta ideal para la administración de drogas, esto se debe a que está rodeada de una red vaacular, arterias, vasos sanguíneos, vasos linfáticos, steniendo así una ruta casi directa con el sistema circulatorio periférico; el semen contiene más de 50 sustancias químicas, entonces, al ser insertado en la vagina hace efecto en la biología femenina.

El semen tiene un perfil químico complicado que incluye una serie de hormonas, neurotransmisores, endorfinas e inmunosupresores, cada uno con una función específica y ocurriendo en diferente concentraciones dentro del plasma seminal. Así, varios de los compuestos con los que cuenta el semen afectan el estado de ánimo, incluyendo el cortisol que incrementa el afecto, estrona que eleva el estado de ánimo, prolactina que funciona como un antidepresivo natural, oxitocina misma que eleva el estado de ánimo y genera un sentimiento de apego, es conocida como “la hormona del amor”, la hormona liberadora de tirotropina que también es un antidepresivo natural, melatonina la hormona que regula el sueño, y también serotonina que es el neurotransmisor antidepresivo más conocido.

Para probar su hipótesis de que el semen funciona como un antidepresivo, Gallup y Burch hicieron un estudio con 293 mujeres en el campus de la Universidad Estatal de Nueva York. Las participantes del estudio contestaron un cuestionario sobre su comportamiento sexual reciente, incluyendo su uso de condones. Cada participante también completó el Beck Depression Inventory, una prueba usada comúnmente para determinar la presencia de síntomas depresivos.

Los resultados mostraron que las mujeres que tenían relaciones sexuales y “nunca” usaban condones mostraron significativamente menos síntomas depresivos que aquellas que los usaban “a veces” o “siempre”. Estas mujeres que no usaban condón también evidenciaron menos síntomas depresivos que las mujeres que no tenían relaciones sexuales. Significativamente, las mujeres que usaban condón y tenían una vida sexual activa manifestaron síntomas depresivos en la misma medida que las mujeres que se abstenían de tener sexo. Lo que sugiere que no es sólo el sexo lo que hace más felices a las mujeres, sino el flujo seminal pulsando en sus venas.

El mismo estudio mostró que sólo 4.5% de las mujeres que “nunca” usaban condón consideraban la posibilidad de suicidarse, mientras que 28.9% de la que lo usaban dijeron considerar “a veces” el suicido, mientras que 13.2% de las que “siempre” usaban condón consideraba el suicidio como una opción.

El semen, al parecer, no sólo tiene efectos positivos en las mujeres, sino que también los gays afirman que prefieren tener sexo anal sin condón, puesto que el intercambio del semen les suministraba una sensación de “conexión” que sólo se daba con la eyaculación interna.

A diferencia de otras especies, los hombres no cuentan con señales externas para descubrir sus posibilidades de embarazar a una mujer (al menos de que tenga el más refinado olfato, difícilmente podrán percibir que una mujer está en su período de fertilidad). Convenientemente el semen produce dos hormonas femeninas, la hormona luteinizante y la hormona foliculoestimulante. Como contradefensa a la ovulación oculta de las mujeres, estas hormonas ayudan a los óvulos femeninos prematuros a madurar. La hormona luteinizante detona la ovulación y la hormona foliculoestimulante precipita su maduración. Esto hace que la cópula pueda en ocasiones producir ovulación en puntos del ciclo menstrual donde esto no ocurriría. Como todas las drogas, el semen también produce un síndrome de abstinencia. Gallup encontró que las mujeres que tenían sexo sin condón experimentan una depresión más profunda al cortar una relación de pareja que las mujeres que no estaban expuestas al semen de su ex. Estas mujeres expuestas al semen buscan más rápido parejas sexuales presumiblemente para recibir su dosis de semen y medicar su depresión.

Algunos de los beneficios del semen de manera más clara, es que se profundiza el vínculo placer-amor, puesto que el esperma puede contener agentes nutritivos, pero compartir ese momento con la pareja crea conexión, confianza y amor. Al igual, la materialización de la satisfacción sexual, puesto que las mujeres entienden en su incosciente que la exitación producida es producida es producto de los efectos de causa en su pareja.

Y aunque los beneficios del semen son muy grandes, es necesario que las relaciones sexuales en las que se implemente la práctica de lo anterior mencionado, sea con una pareja estable en la vida.

Todas las opiniones son responsabilidad de su autor, no de los editores.